Symphonie de Printemps

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.
Neruda.
A Lina. 

El violín de las hojas se mece hasta el cansancio
sus cuerdas me recuerdan a ti
saludándome en ese vaivén
que hipnotiza mis sentidos            
Las cuerdas del violonchelo de las nubes 
empiezan a calentarse 
y se dispersan con los rayitos de luz 
que iluminan esos misteriosos ojitos negros
El viento se luce con sus agudos 
se ríe como clarinete en el vacío 
extraño cuando ríes... luego reímos como chacales
Las cascadas suenan sus tambores estridentes
las ondas de su bazar se agitan levemente en la orilla
donde los arboles dibujan sombras graves de tu cuerpo sonoro
Los animales se mueven, el crujir de las hojas
me recuerdan el arpa de tus labios 
cuando se juntan al piano de mis besos
Por un momento la lluvia crea el silencio
suenan uno, dos, tres, mil timbales al tiempo
son como aplausos, que te invitan a mover los hombros
después, el gong de los truenos silencia a los búhos
silencia al día y a ti.
Los grillos suenan su harmónica toda la noche
su eco me lleva al ensueño, donde el viento tumbará cerezos
donde es fácil encontrarte
y fácil perderte
El sol comienza su rutina, toca sin permiso mi ventana
los canarios empiezan a sonar sus trompetas
y yo aquí, trato de encontrarte nuevamente en sus sonidos




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