Emigración
un poro descubierto de la fineza rosada de tu piel
del revuelo acelerado, un orificio testigo inerte
con rumbo y con destino, pensando en fe.
Abatido del viraje que hiciste con calor del sol
a sentir el aire y sus conturbaciones
viajar entre nubes y céfiros conocer.
Se ríen las gaviotas, los cisnes y las águilas
se mofan del somormujo que emprendió la huida
hacia el destino del desconcierto, del amor desierto,
tras mirar lo que dejaba, y que sin pensar perdía.
Con afán de su desdicha, vuela aquella ave por el aire
darle una vuelta al destino y jugarle a la caída
a catar aguas de otros ríos y comer peces de otros mares,
y extrañar lo que dejaba en las tinieblas roídas.
A buscar luz, en las noches, a mirar estrellas infinitas
disfrutar el olor a humedad, de la nueva tierra fría
se posa el ave ágil con sus picos y sus plumas
pensando en viejos chistes para sola reírse.
La soledad mata pero el humo calma,
la naturaleza se entorpece y se jacta de su arte
desde ahora siento, en las noches abrazarte
y tu con el lamento decir que me extrañaste.
Y siente el frio, de la glacial de su sangre
a buscar tierras calientes que le tibien el alma
a buscar el frutal frondoso de su hogar tupido.
¡Te entrego la pluma silvestre, que cayó en tu nido!
Este poema fue el ganador del concurso de Poesía Santo Tomás Bucaramanga 2008.
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